se sentaba en la taza y era feliz, la sensación de su piel en la lisa superficie era lo unico que necesitaba, a partir de ahí todo lo demás iba solo. solía meditar sobre ello; levantarse por la mañana aflojar el vientre y a partir de ahí el resto del día le sobraba. como podía ser?? puede un hombre amar sus cerotes?? desde luego a él le resultaba la actividad más placentera de su existencia, y ni siquiera sentía un placer intenso, era simplemente la suave y calida sensación de culminar un acto tan intimo lo que le apasionaba. sin explicaciones, sin excusas, sin compromisos, sin mala conciencia, solo sentarse, relajarse, esperar y culminar. a veces cuando terminaba no podía evitar que le invadiese una horrible sensación de vacio, interna en cualquier sentido, y solo podía pensar en la sguiente sesión.
solía dejar su mente en blanco y la palabra "excretar" acudía a él como un relampago iluminanado su cuerpo y su alma, creandole ansiedad y desesperación, rogando al cielo que su estamago trabajase rápido y le pidiese ajustar cuentas cuanto ántes.
la vida podía ser facil, pero los buenos momentos duraban poco. a veces escuchaba a alguien decir que la vida era una mierda y su intestino le sonreía y le guiñaba un ojo. llego a obsesionarse con su pequeña pasión. probó una dieta a base de fibra y consiguió ir al baño tres veces días, pero los cerotes eran demasiado enclences y tuvo que volver a su vieja dieta, pero triplicó sus comidas, y como suele ocurrir con la gente unica se complicó la vida de mala manera. se convirtió en un jonki del cerote. su orondez le obsequiaba con deposiciones firmes y consistentes, pero su pequeño ritual empezó a perder su sentido inicial. ya no se trataba de una celebración íntima y sosegada, de un placer que nacía y moría dentro de su ser y se regeneraba acariciandole su tenue existencia cada mañana, no, se convirtió en un asunto de cuantas más veces mejor. el escozor de la vida, la perenne hurticaria de una existencia hueca le hizo perder el norte y a patir de ahí todo se fue al carajo.
trató de encontrar gente como él, pero los pocos que conoció usaban sus cerotes de forma poco usual y tuvo que huir despavorido. soledad y materia organica desechada. su vida se reducía a eso.
los años pasaron y el colesterol aumentó asi que no le quedó más remedio que adelgazar. poco a poco su cuerpo se fue recuperando y su alma cerotera se fue relajando. conoció a un joven en una sesión de terpia y se juntó con ella. ahora los cerotes solo son cerotes, se acabó la magia. la vida vuelve a ser un oscuro agujero maloliente en el que sentarse y aflojar las penas. las horas muertas se solapan y se acumulan sin tino, sabiendo que ya no llegará jamas la fugaz dicha del desahogo matutino. se mecanizó, vendió su espíritu al dios aseptico de los hobbies corrientes y las ideas juiciosas.
en una palabra, se cubrió de mierda.